Y nosotros, ¿para cuándo?...

Seguro que somos conscientes del tiempo que invertimos en revisar las piezas del coche para que estén en orden. Impensable olvidarnos de ponerle nafta y aceite. Está muy bien, porque no tiene sentido tener un auto para descuidarlo; o dejar de «alimentarlo», ya que sin combustible no nos llevaría adónde lo necesitemos.
¿Por qué será que no siempre nos ocupamos tanto de nuestro motor físico? Los órganos internos necesitan cuidados y dedicación, y alimentos saludables para rendir. Cada pieza está allí para cumplir una función que hace al todo. Cada pieza forma parte sustancial de la UNIDAD. Y, sin embargo, nuestra compu, coche o lavarropas a veces se llevan la mejor parte de nuestra atención…
¿Por qué no nos importa la higiene mental y permitimos que nuestra cabeza acumule innumerables basuritas que ya no sirven, que pertenecen al pasado y sólo ocupan lugar, restando luz y vitalidad? ¿Por qué la llenamos de pensamientos negativos que sólo contribuyen a desgastarla?
La mente es energía, pero la podríamos visualizar como un «espacio». Como un cajón, por ejemplo. Sí, un cajón dentro del cual todo puede estar en orden o en caos. Un cajón que necesita, como el de la cocina, que de vez en cuando, acomodemos, limpiemos de suciedad y cosas obsoletas.
La RESPIRACIÓN es un recurso maravilloso para ir logrando ese orden poco a poco. Orden no es disciplina militar ni control rígido. Imaginemos el orden en su mejor sentido: armonía, espacio, libertad, conciencia. Y todavía más maravilloso es que no siempre tenemos que disponer de un espacio para la experiencia; ni encender sahumerios, apagar teléfonos, aislarnos del mundo y sentarnos a hacer un ejercicio específico con nombre y apellido.
Todo eso estaría muy bien; pero quiero transmitir la idea de que la respiración es un arma genial estemos donde estemos: en un ascensor antes de una reunión con el jefe; en la cama antes de dormir; en una cita romántica ¡¡¡!!! con necesidad de controlar el corazón que amenaza desbocarse  Mil situaciones serían más llevaderas si tan sólo supiéramos hacer buen uso de ese músculo tan olvidado: el diafragma.
Ya te imagino yendo a internet a buscar el gráfico o preguntándote dónde está este tío el diafragma. Verías que se localiza por debajo del pecho y por encima del vientre, actuando como un verdadero órgano más de la respiración. Ya lo sé… son los pulmones los órganos de la respiración. Pero el diafragma es tan importante en esta función que apuesto a que, sin él, la respiración rendiría la mitad.
En la entrada del aire, la inspiración, el diafragma baja, presionando los órganos del vientre; así da espacio a los pulmones para vitalizar su parte más baja. Y en la salida del aire, la exhalación, el diafragma sube y empuja la base de los pulmones para contribuir a vaciarlos. Eliminamos de este modo la mayor cantidad de aire residual; como cuando eliminamos las basuritas acumuladas al fondo del tan olvidado cajón de la cocina…
El diafragma masajea mucho el centro de energía abdominal: el chakra solar, llamado Manipura. Ese masaje disuelve, con la práctica, tensiones nerviosas, ansiedad, «nudos» en el estómago. Y sí que se hacen muchos en la oficina día a día, ¿o no? Qué simple sería hacer buen uso de la respiración y su enorme potencial, en vez de recurrir siempre al tranquilizante o a la pastillita digestiva…
Cuando la atención se centra en la zona diafragmática, nuestra mente se descarga; suelta el timón por un rato y descansa. Una mente atenta no se relaja por completo, lo sabemos; pero descansa mucho más que una mente caótica y desenfrenada. Se retroalimenta.
La característica del yoga es atención sin tensión. Y en esto interviene mucho la respiración
Probalo…